Jueves 26 de agosto
Salimos temprano,pero no vemos ninguna bicicleta disponible en ningún puesto Vélib
Caminamos entonces, rue Coulaincourt, Av de Clichy, Bd de Batignolles hasta el Parc Monceau, que recorremos brevemente. La jardinería es deliciosa, las estatuas se esconden en el follaje.Milagrosamente, - o con una lógica que se nos escapa, a la salida del parque encontramos un puesto Vélib repleto.
Seguimos hasta el enorme Arco del Triunfo, giramos con las bicis alrededor, buscando estacionarlas, una constante en estos días: Arriba en Montmartre, faltan bicis, abajo en los puntos mas turísticos, los puestos están colmados y hay que buscar donde dejarlas porque sino se empieza a pagar … Subimos con el pase de Jean, lo que significa un ahorro de 16 euros.
Luego de 254 escalones, llegamos a la terraza del Arco, con una vista espléndida del relieve suave y encantador de las colinas, algunas verdes y otras edificadas, el resultado es tan hermoso que renuncio a detallarlo mas
Después paseamos por la Av des Champs Elysées y por la rue Montaigne, deslumbrados por las vidrieras sofisticadas de las grandes marcas, la tilingueria super elegante presentada como obra de arte, los precios con muchos ceros y los guardaespaldas de mirada fea.
Luego de haber sido expulsados por unos guardias de corp de la Santísima Vereda del Palacio Presidencial, que hollamos con nuestros zapatos de ciclista,para colmo sudacas, comprometiendo la seguridad de Sarkozy, llegamos al Jardín des Tuileries, donde hacemos como todos : arrimamos una silla al borde de la fuente y nos quedamos charlando, tomando helados, mirando el agua y la gente, hasta que me duermo, antiestéticamente, con la boca abierta, pero por lo menos sin roncar
Una hora mas tarde, frescos como lechugas,nos ponemos en marcha otra vez, y entramos con nuestro super pase al Museo de l Orangerie : (economía de 26 euros) vemos los maravillosos paneles de Monet, Les Nympheas, dos salas enormes con las pinturas acuáticas y mágicas que creo desde Giverny durante años. Al salir , cuando ya cierra el Museo veo con desesperacion que hay otras salas con unos Modigliani, Renoir, Denier, Matisse, que vi toda mi vida en reproducciones. Los devoro con la vista hasta que los guardias fastidiados me respiran en la nuca y me expulsan del paraiso.
Salimos y afuera en el mundo real llueve un poco. Nos refugiamos en una librería de Jardinería, compramos un libro dedicado a nuestra terraza, ya que Gisele me amenaza con llamar a un paisajista si no elaboro un plano detallado, coloreado y completo de mi proyecto para San José. La voy a sorprender...
Después, volvemos en el 95, caminamos hasta el Monoprix y compramos provisiones: queso de cabra y de untar, arroz arborio, vino Bordeaux, baguettes. Con nuestras ultimas energías llegamos a casa, pero no nos dan las fuerzas para hacer un risotto, por lo que improviso una omelette en la sartén especial de Jean y con sus pimientas. Resulta ser la mejor omelette de mi vida, pero probablemente se debe al entorno (Montmartre )y la compañía (Gisele)




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